jueves, 11 de enero de 2018

DESTINADA AL CREMATORIO

Difícil será encontrar una vida española del siglo XX tan novelesca, tan rica en aventura y dramatismo, tanto que entra casi en lo inverosímil, y, a la vez, tan cierta y verídica, tan llena de verdad, como la de esta catalana vocacionalmente gallega llamada Mercedes Núñez Targa (Barcelona, 1911 – Vigo, 1986), que fue secretaria del poeta Pablo Neruda durante la República. Mercedes nos cuenta en estas memorias, que se leen conteniendo el aliento, cómo tras luchar en la guerra civil y ser detenida y condenada a 12 años de cárcel en 1939 pudo, gracias a un error judicial, escapar a Francia y seguir allí luchando en el maquis contra el fascismo, cómo fue detenida en 1944 por los nazis y llevada al campo de concentración de Ravensbrück y cómo sobrevivió, con valentía y dignidad, en medio del horror, hasta ser finalmente liberada cuando ya no era, por su falta de salud, sino una «destinada al crematorio».







El fotógrafo de Mauthausen

Los enjutos deportados en sucios trajes de rayas avanzan escudilla en mano hacia la mesa donde les sirven una sopa aguada y un mendrugo. Luego se refugian en los camastros del barracón para dar cuenta con avidez de las inhumanas raciones. Se escucha una voz: “¡Gracias, chicos! Cortamos para ir a comer”. Y los presos cambian de expresión y salen animados camino del abundante catering que les espera fuera. Dentro quedan abandonados los platos oxidados, las cucharas de madera y por supuesto la sopa y el pan duro. En el borde de una litera alguien se ha dejado la ajada chaqueta a rayas con el número 9112 que lleva cosida una estrella de David compuesta por dos triángulos amarillos; es improbable que se la roben. Estamos en uno de los sets de rodaje de El fotógrafo de Mauthausen, una película sobre las peripecias que vivió en el famoso campo de concentración nazi, en el que se internó a siete mil republicanos españoles, el fotógrafo catalán Francesc Boix (1920-1951) para conseguir ocultar fotos que testimoniaban el horror y los crimenes del III Reich y que sirvieron luego de prueba en los juicios de Nuremberg. Mauthausen, por el que pasaron cerca de 190.000 presos, de los que murieron casi la mitad, se convirtió a lo largo de la guerra en un inmenso complejo concentracionario, con medio centenar de subcampos. Aunque no estaba considerado propiamente un campo de exterminio como Treblinka, Sobibor o Belzec, fue un campo de extraordinaria dureza, incluso para ser un campo nazi, y en el que de hecho se exterminaba a los internados (una gran mayoría presos políticos considerados enemigos incorregibles del Reich) sobre todo a través del trabajo extenuante aunque también funcionó (en Gusen) una cámara de gas. Los SS desplegaron en Mauthausen un sadismo particularmente sobrecogedor.














Das KZ Bordell

Las historias de horror de los campos de concentración nazis parecen no tener fin. Un nuevo libro, que será presentado el próximo miércoles en el Parlamento alemán, revela cómo, a partir de 1942, las autoridades comenzaron a establecer burdeles en los campos, en los que algunas prisioneras eran obligadas a mantener relaciones con otros prisioneros. Los carceleros nazis pensaban que los cautivos a los que se obligaba a hacer trabajos forzosos rendirían más si se les prometía tener sexo. "En la memoria colectiva y en la historia escrita de la Segunda Guerra Mundial, los burdeles de los campos fueron un tabú durante mucho tiempo", comenta Robert Sommer, autor del libro, titulado Das KZ Bordell (El burdel del campo de concentración). "Los ex prisioneros no querían hablar de esto. Es una cuestión difícil de gestionar. No encajaba bien en la imagen de los campos de concentración como monumentos al sufrimiento", comenta Sommer. Las SS (policía militar nazi) empezaron a establecer los burdeles en 1942 en el campo de Mathausen, y llegaron a abrir diez, el mayor en Auschwitz, donde trabajaron una veintena de mujeres. El último estuvo abierto hasta principios de 1945, año del fin de la guerra. En los burdeles no trabajaban mujeres judías, ni los prisioneros judíos tenían acceso. Además los nazis impusieron una rígida división por "raza", así que los alemanes sólo podían ir con mujeres alemanas y los eslavos sólo con eslavas. "Los nazis pensaban aumentar la productividad de los prisioneros ofreciéndole un incentivo", cuenta el autor del libro, "pero no funcionó mucho, ya que eran muy pocos los que estaban en condiciones físicas para ir". Se calcula que en los burdeles trabajaron unas 200 mujeres. "Les prometían que, si cumplían, las iban a liberar después de seis meses. Pero la promesa nunca se hizo realidad", cuenta Sommer quien subraya que "los burdeles revelan otra dimensión del horror nazi, donde las mismas víctimas de los nazis se convertían explotadores de estas mujeres". Después de la guerra, muchas de estas mujeres tuvieron que vivir con el peso del estigma social que permaneció sobre ellas a pesar de haber sido víctimas de la violencia brutal del sistema nazi. "No conocemos a nadie que haya recibido alguna compensación por lo que sufrieron", dice Sommer, "es importante que a estas mujeres se les devuelva la dignidad".






El Álbum de Auschwitz

Tomada desde el techo del tren, la fotografía muestran una amplia panorámica de la plataforma de llegada a Birkenau, que formaba parte del complejo de Auschwitz. Al fondo, pueden verse los crematorios II y III con sus chimeneas. Los guardias de las SS Ernst Hofmann y Bernhard Walter tomaron estas fotos en mayo de 1944, en el momento más atroz del campo de exterminio nazi. La superviviente Lilly Jacob-Zelmanovic Meier encontró las imágenes por casualidad y descubrió que sus vecinos y familiares aparecían en ellas, poco antes de ser asesinados. No se sabe por qué las tomaron. El ‘Álbum de Auschwitz’, como es conocido el conjunto de 193 fotos, es un documento único dentro del Holocausto y se conserva en el Museo Yad Vashem de Jerusalén.



Judíos ancianos, provenientes del gueto de Beregovo, son ayudados a descender de uno de los trenes. En un lateral del vagón puede leerse: Deutsche Reichsbahn (Ferrocarriles Estatales de Alemania). La primavera de 1944 fue el momento en que el Auschwitz-Birkenau se convirtió en la mayor máquina de matar del nazismo. En torno a 400.000 judíos húngaros fueron asesinados en apenas unos meses.



Las fotos del ‘Álbum de Auschwitz’ muestran uno de los momentos más atroces de la historia de la humanidad, el proceso de selección en el andén de Birkenau, donde los deportados, en apenas unos segundos, eran seleccionados por médicos de las SS para vivir o para morir inmediatamente. En esta imagen, los judíos se preparan para el proceso de selección.




Deportados judíos esperando el proceso de selección. Al fondo puede verse la entrada de Birkenau, conocida en la actualidad como La puerta del suplicio.




Un medico de las SS ‘examina’ el estado de salud de un judío. La mujer en primer plano se llama Geza Lajtos, de Budapest. Supervivientes del Holocausto pudieron reconocer a familiares en estas imágenes. De aquellos que era destinados a morir inmediatamente, fue en algunos casos el único recuerdo que quedó. El Álbum está incompleto porque Lilly Jacob-Zelmanovic Meier entregó fotos a los familiares que las pidieron.



Judíos sometidos al proceso de selección en el andén de Birkenau, nada más llegar. También puede verse a prisioneros, con el traje a rayas, que asisten a los recién llegados. Eran obligados por las SS a estar presentes en los andenes durante la selección para asegurar un proceso ordenado.




Se trata de la foto más conocida del Álbum, que debió provocar una impresión y un dolor imposible de imaginar a Lilly Jacob-Zelmanovic Meier porque muestra a dos de sus hermanos pequeños, Sril (Israel) y Zelig. Los dos fueron gaseados poco tiempo después de que se tomase la imagen.



Sólo una minoría de judíos lograban sobrevivir a la selección. En esta imagen, aparecen varias mujeres que fueron identificadas: Suri Aron, del gueto de Tacovo, Chedvah Zelig (sobrevivió al Holocausto), Ester Kanez (sobrevivió al Holocausto) y Cilly Stahl (sobrevivió al Holocausto).




Prisioneras entran dentro del campo de mujeres, ya con el uniforme de prisioneros bajo la mirada de un guardia SS.





Hombres y mujeres en la zona de los barracones. Los que sobrevivían a la primera selección, eran sometidos a trabajos forzados hasta la muerte.



Canadá era el lugar en el que se trillaban las posesiones con las que llegaban los deportados. Recibía ese nombre porque era identificado con un país muy rico. Los prisioneros eran obligados a recoger los enseres y seleccionar los bienes que podían tener valor. Cuando terminaban el proceso, la mayoría de los deportados a los que pertenecían habían sido asesinados.



Prisioneros trabajan en Canadá.




Mujeres judías con sus niños caminan hacia las cámaras de gas ignorando la suerte que les espera.




Los cuartos en los que los deportados eran obligados a desvestirse antes de ser asesinados eran demasiado pequeños para la cantidad de personas que fueron asesinadas en Auschwitz durante este atroz periodo del campo de exterminio. Por lo tanto tenían que esperar fuera, en una zona cercana al crematorio.



Deportados esperan sin saber el destino que les espera.



Muere con 95 años Reinhold Hanning

Reinhold Hanning, que el año pasado fue condenado en Alemania a cinco años de prisión por haber contribuido al asesinato de 170.000 personas en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, ha muerto este martes a los 95 años de edad, según ha confirmado este jueves su abogado. Hanning (Helpup, Renania del Norte-Westfalia, 1921) tenía aún pendiente de resolución por parte del Tribunal Supremo los recursos presentados contra esa sentencia, tanto por la defensa como por la acusación particular.

Su fallecimiento se produce un año después de cerrarse el juicio contra él, uno de los últimos grandes procesos instruidos en Alemania por los crímenes del nazismo, apoyados en el principio jurídico de que los asesinatos no prescriben.

Hanning entró en las Juventudes Hitlerianas a los 14 años y con 19 se enroló voluntariamente en las Waffen SS. En enero de 1942 fue destinado a las SS Totenkopfverbande (las unidades de la organización nazi encargadas de la vigilancia de los campos de concentración) y trasladado a Auschwitz donde, según la fiscalía, se hizo cómplice de la muerte de más de 170.000 prisioneros.

Permaneció casi tres años (1942-1944) como guardia del mayor campo de concentración y exterminio construido por los nazis, donde alcanzó el grado de Unterscharführer (en la jerarquía paramilitar nazi, equivalente aproximado de sargento).

El exguardia participó en la búsqueda de fugitivos, en la vigilancia y selección de los prisioneros que llegaban al campo en vagones de ganado. Hanning fue uno de los guardias que llevaba directamente a las cámaras de gas a los recién llegados a Auschwitz que no estaban en condiciones de trabajar.

En el proceso judicial, celebrado en junio de 2016 en un tribunal de Detmold (oeste de Alemania), participaron historiadores y supervivientes del Holocausto, a los que Hanning no se atrevió a mirar durante todo su testimonio. “Auschwitz fue una pesadilla y deseo señalar que lamento profundamente haber pertenecido a una organización criminal que fue responsable de la muerte de incontables personas y de la destrucción de incontables familias. Pido perdón por haberlo hecho”, dijo Henning.

La defensa de Hanning argumentó que el antiguo suboficial de las SS jamás asesinó, golpeó o abusó de nadie, pero la jueza Anke Grudda dictaminó que la mera participación voluntaria del guardia en las tareas habituales de funcionamiento del campo le convertía en cómplice..






Muere Simone Veil

La intensa vida de Simone Veil, superviviente del Holocausto, figura clave de la política francesa, referente del feminismo y europeísta convencida, se apagó este viernes, a los 89 años.

“Mi madre ha muerto esta mañana en su domicilio” en París, confirmó su hijo, Jean Veil, a la agencia France Presse. Simone Veil habría cumplido el 13 de julio 90 años.

El mundo político francés reaccionó con consternación a la pérdida de una figura que marcó buena parte de la política del siglo XX en Francia y Europa y que continuó siendo un referente en el XXI. “Que su ejemplo inspire a nuestros compatriotas, que encontrarán en ella lo mejor de Francia”, dijo el presidente, Emmanuel Macron, tras conocer el deceso de la que, como ministra de Salud, impulsó la despenalización del aborto, la “Loi Veil”, cuya defensa ante una Asamblea Nacional casi exclusivamente masculina se ha convertido en una de las imágenes icónicas de la política francesa.

Pero esa no fue ni la primera ni la última batalla de una mujer que desde muy joven se vio arrastrada, no arrollada, por la historia. Simone Jacob, su nombre de soltera, nació el 13 de julio de 1927 en Niza, en el seno de una familia judía laica. Todos sus miembros —sus padres, su hermano y sus otras dos hermanas— fueron deportados en 1944. Ella acabó, junto a su madre y su hermana Milou en Auschwitz. Solo las tres hermanas sobrevivieron al Holocausto. “Creo que soy una optimista pero, desde 1945, no albergo ilusiones. De esa terrible experiencia guardé la convicción de que algunos seres humanos son capaces de lo mejor y de lo peor”, dijo en una entrevista hace diez años.






Muere a los 113 años Yisrael Kristal

Yisrael Kristal, el hombre más viejo del mundo y superviviente del Holocausto, murió este viernes en Israel a los 113 años, un mes antes de celebrar un nuevo cumpleaños, han informado medios israelíes.

Kristal, nacido en Zarnow, actualmente Polonia, en el seno de una familia judía ortodoxa, sobrevivió a la Primera Guerra Mundial y vivió en Lodz, en la recién independizada Polonia, hasta la invasión nazi, en 1939. Entonces fue desplazado con su familia a un gueto de la ciudad y, posteriormente, deportado al campo de concentración de Auschwitz. Allí perdió a su mujer y sus dos hijos, pero él fue rescatado. Pesaba entonces tan solo 37 kilos. 

Kristal emigró a Haifa, en el norte de Israel, con su segunda esposa y su hijo en 1950. Allí mantuvo una próspera empresa de dulces hasta que se jubiló.

"Dos libros podrían escribirse sobre un solo día en Auschwitz", declaró en una entrevista, pese a que no le gustaba hablar de esta experiencia.

El año pasado la organización Guinness World Records le otorgó el certificado por ser el hombre más viejo del mundo, al morir el japonés Yasutaro Koide a los 112 años y 312 días. "Todos tienen su propio destino, no hay secretos", dijo acerca de su longevidad.

El anciano consideraba que el mundo actual "era peor que en el pasado" y criticaba "la permisividad de los jóvenes". "Ahora todo es de alta tecnología, dijo. "Las cosas vienen fácilmente, sin esfuerzo, sin el trabajo manual del pasado".